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Miércoles - 23.Junio.2021

CONFEMETAL reivindica un marco adecuado para el desarrollo de las Pymes

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15/03/2012

En su último Informe de Coyuntura Económica y Laboral, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales del Metal (CONFEMETAL) hace un análisis sobre la capacidad que las pequeñas y medianas empresas poseen en el actual contexto económico, para  generar más empleo por unidad de capital empleada, para reivindicar que las administraciones desarrollen políticas que favorezcan realmente su desarrollo.

Según el informe de entre los años 2002 y 2010, las pequeñas y medianas empresas crearon el 85 % de los empleos netos nuevos de la Unión Europeas, porcentaje considerablemente superior a la cuota del 67 % que tienen las Pymes en el empleo total (frente a un 33% atribuible a las grandes empresas). Durante ese período, el empleo neto en la economía empresarial de la Unión aumentó sustancialmente: una media de 1,1 millones de puestos de trabajo nuevos al año. Entre las Pymes, las microempresas (menos de diez empleados), con un 58 %, son las que arrojan el mayor porcentaje de crecimiento neto total en materia de empleo en la economía empresarial.

En España, las Pymes tienen una menor dimensión que las europeas y su participación en las ventas y en el comercio internacional globales resulta inferior, aunque no el empleo que generan. Sobre estas evidencias, la importancia de desarrollar un marco adecuado para  impulsar y el desarrollo es innegable, hasta el punto de que, según señala CONFEMETAL, será imposible recuperar la senda del crecimiento económico y la creación de empleo sin las pequeñas y medianas empresas.

Para las Pymes que, sólo en el Metal, suponen el 87 % de las casi 140.000 empresas del Sector, es imprescindible que se fomente una cultura de la investigación y el desarrollo, y la mejora continua en las empresas, facilitando la incorporación de los investigadores, presentando enfoques a la innovación, difundiendo mejores métodos organizativos y de gestión y fomentando la participación en los proyectos de I+D+i de las empresas, y acercar más la investigación a la innovación con el desarrollo de una estrategia de la investigación y aplicación, consolidando la investigación desarrollada en la industria, fomentando la creación de empresas tecnológicas, reforzando la cooperación entre el sector público, la Universidad, los Institutos Tecnológicos y la industria y aumentando la capacidad de las Pymes de absorber nuevas tecnologías.

La propia idiosincrasia de las Pymes hace imprescindible, en un mercado globalizado, que se apoyen decididamente los diferentes sistemas de cooperación empresarial, en todas sus fases, desde la búsqueda de socios, la formalización de la cooperación y el seguimiento de la misma.  Establecer redes de cooperación de todo tipo puede ser la única garantía de éxito posible para las Pymes.

Ese mercado global al que inevitablemente se han de enfrentar las empresas, exige un esfuerzo en cuanto a su internacionalización. En este ámbito serán determinantes los recursos que la Administración destine a la promoción de nuestros productos en mercados exteriores, y las acciones de protección y control contra el dumping de terceros países y contra la entrada de productos que no cumplan las normativas técnicas y de calidad europea.

Ligada a todas las propuestas anteriores y verdadera sustancia aglutinante en cualquier proceso de mejora de la competitividad de las empresas, debe situarse la formación. En innegable que uno de los principales factores competitivos es la cualificación, la habilidad y los conocimientos técnicos de cuadros y trabajadores, por lo que es de vital importancia desarrollar políticas dirigidas a dignificar y prestigiar la formación profesional.

Son, fundamentalmente, los agentes implicados en el desarrollo de políticas formativas los que deben ser capaces de atraer a los jóvenes hacia los puestos de trabajo de calidad a través de una formación profesional reglada. En esa línea es necesario diseñar y poner en marcha una campaña de fomento de la formación profesional para los jóvenes, de modo que la cualificación técnica acorde a los progresos que se registran en la producción, facilite su incorporación al mundo laboral.

Esa flexibilidad de aplicación en la formación continua y su capacidad para adaptarse y evolucionar en un marco continuamente cambiante, son requisitos indispensables para garantizar su solvencia en el tiempo. Cualquier intento de encorsetar la formación continua -que debe tener un carácter eminentemente sectorial para ser verdaderamente útil a las empresas- pondrá en grave peligro su eficiencia.

Pero, para el desarrollo de las Pymes, es también un obstáculo la gran dispersión de normas, la poca coordinación existente entre Administraciones, y la rigidez existente en muchos aspectos empresariales, que suponen un gravamen para la competitividad y dificultan la adaptación de las Pymes a los continuos cambios coyunturales y de mercado, manteniendo cerrada la principal puerta de salida a de la crisis.

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