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Miércoles - 23.Junio.2021

La caida de la inversión en I+D y formación

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23/10/2012

En su último Informe de Coyuntura Económica y Laboral, CONFEMETAL alerta acerca de los efectos negativos que sobre las exportaciones de productos industriales tendrá la caída de inversiones en innovación y formación que se están registrando en las empresas.

Según los últimos datos de CONFEMETAL, hasta el mes de julio las exportaciones del Sector del Metal cayeron un 2,5 por ciento, centrándose las mayores caídas en los segmentos de actividad que mayor componente tecnológico incorporan. Actualmente, sólo los subsectores y las empresas con capacidad exportadora están aguantando esta prolongadísima recesión amortiguada únicamente por el comercio exterior y cuya más firme esperanza sigue siendo que se produzca una mejora sustancial tanto de exportaciones como de importaciones en los próximos meses.

Sin embargo, según CONFEMETAL, sobre la ecuación innovación + exportación = superación de la crisis, hasta ahora irrefutable, podrían desplegarse factores de incertidumbre más allá de los imprevisibles avatares de la inversión y el consumo en los principales países industrializados, especialmente los de la zona euro, a los que se destina casi un setenta y cinco por ciento de las ventas al exterior de productos metálicos españoles.

Ese factor de incertidumbre proviene del propio marco económico globalizado, en el que la competencia depende básicamente de cuestiones tecnológicas y de calidad. En este marco al que se incorporan continuamente nuevos competidores, más agresivos en precio y calidad, la primera exigencia para ser competitivo es la inversión en innovación. Nuevos productos, nuevos procesos y nuevos equipos que exigen inevitablemente a directivos, técnicos y trabajadores más y mejor formación en todos sus escalones, desde la formación básica a la profesional, pasando por la continua y la ocupacional.

Las necesidades de mano de obra altamente formada son crecientes a medida que aumenta la exigencia de los mercados, y la competencia de otros países con niveles superiores de cualificación hace el problema cada vez más acuciante.

La reforma educativa iniciada recientemente forma parte de la solución pero sus efectos sobre el tejido empresarial tardarán al menos una década en manifestarse. Mientas tanto, nuestra tasa general de paro, la de los jóvenes y la de los mayores de cincuenta años, siguen en niveles vergonzosos y, sobre todo, está excluyendo a amplios segmentos de la población de un normal desarrollo personal.

La falta de cualificación debida al desfase existente entre los contenidos de los sistemas educativos y las necesidades reales de las empresas es, desde hace años, un problema muy serio para el desarrollo de la actividad industrial. Los contenidos formativos han ido desarrollándose de espaldas a la evolución de la industria y la economía y en muchos casos ignorando el avance de las nuevas tecnologías.

Durante mucho tiempo, han sido las empresas y los trabajadores, mediante el sistema  de formación continua los que han paliado el problema aportando un 0,7 por ciento de la base de cotización a la Seguridad Social (0,6 a cargo del empresario y 0,1 a cargo del trabajador), y procurando con ello la mejora de cualificación de los ocupados. Un sistema que corre ahora peligro si el dinero de empresas y trabajadores se emplea para fines distintos a los establecidos originalmente.

CONFEMETAL subraya en su informe que de nada servirá la apertura de nuevos mercados y la inversión en tecnologías y equipos, si la formación y la cualificación de los trabajadores no los acompaña. Esfuerzos como los que las empresas afrontan en medio ambiente, internacionalización, calidad, competencia o investigación, no tienen otra base que un factor humano preparado para realizar sus funciones, condición sine qua non para que cualquier tipo de inversión estratégica tenga éxito.

Sin esa base podría, como ocurrió ya en el Sector del Metal en años de bonanza no tan lejanos, darse el caso de que no existan trabajadores nacionales que puedan cubrir determinadas ofertas de trabajo y sea necesario recurrir a emigrantes cualificados o formados en origen, lo que deterioraría aún más nuestro mercado laboral.  

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